El concepto de la “normalidad”

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19/3/2024
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Torresburriel Estudio
Figura de madera articulada de un maniquí humano en una postura de pie, centrado contra un fondo liso y neutro, evocando un sentimiento de contemplación o espera.

Kat Holmes, en su libro Mismatch trata de forma magistral el concepto de la normalidad, de cómo diseñadores e ingenieros a lo largo del tiempo han tratado de simplificar las necesidades de los usuarios para generar una solución válida para todos (o para una mayoría).

Dentro del concepto de normalidad hay una figura que destaca por encima de las demás: nos referimos al belga Adolph Quetelet. Quetelet fue un astrónomo y matemático del siglo XIX.

Por otra parte, Todd Rose, en su libro The End of the Average, arroja una completa mirada del universo de Quetelet. Quetelet se marcó como objetivo utilizar métodos matemáticos para entender la incertidumbre en la sociedad. Es importante resaltar el contexto histórico del momento, ya que Bélgica estaba inmersa en una revolución y los combates azotaban a la población, se vivían tiempos inestables.

Quetelet encontró una herramienta válida en la distribución gaussiana, la tan conocida campana de Gauss, mediante la cual se podía representar la probabilidad de un evento. El promedio marcado por una línea central vertical, daba la representación más cercana de la verdadera naturaleza del evento.

Quetelet comenzó una ardua labor recopilando mediciones sobre diferentes cuerpos humanos, no aplicó este esfuerzo solamente en tomar medidas de características básicas como la altura o el peso, sino que lo amplió incluyendo aspectos como el comportamiento o la moral. Extrapoló todos estos datos a la curva de Gauss, y encontró su ideal humano en el promedio de la curva. De esta forma determinó el rostro, la estatura, la inteligencia o la moralidad perfecta del ser humano.

Con esta teoría nació un nuevo concepto, un modelo de perfección al que ajustarse. Por supuesto, todo aquel que no estaba en el promedio, se salía fuera de la normalidad.

Esta teoría se extendió a otras ciencias, una fórmula que muchos conocemos y que se sigue usando es el índice de masa corporal (IMC).

La teoría del hombre promedio de Quetelet no fue inocua, ya que sustentó pensamientos peligrosos que ya habitaban la mente de algunos, como la eugenesia o la superioridad de razas y clases sociales.

Detengámonos en un par de ejemplos del uso y consecuencias de la aplicación de la teoría del hombre promedio.

La USAF y su escasez de pilotos

Los primeros aviones de combate de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) se diseñaron para contener un piloto promedio, nos dice Rose. Realizaron mediciones corporales a miles de pilotos, y en base al promedio de estos datos se diseñaron los instrumentos de la cabina de vuelo. Estos instrumentos se fijaron a la base del avión, eran inamovibles y tampoco permitían ser regulados.

Durante la Segunda Guerra Mundial, detectaron cómo se iban quedando sin pilotos por la alta tasa de accidentes que sufrían, y se vieron obligados a revisar el diseño de la cabina de vuelo.

Se escogieron diez de las muchas dimensiones humanas que originariamente sirvieron para diseñar la cabina, y se tomaron mediciones a cuatro mil pilotos para comprobar cuántos se ajustaban a las diez dimensiones. El resultado fue cero. El diseño de la cabina de vuelo no le servía absolutamente a nadie.

El dummy promedio

Otro ejemplo de la aplicación de los estudios de Quetelet aplica a la industria automovilística. Como es bien sabido, las pruebas de seguridad en vehículos se realizan utilizando dummies. Los dummies son muñecos o maniquíes que copian las características físicas de un ser humano e imitan las reacciones del cuerpo humano ante los posibles impactos de un vehículo.

Durante años, los dummies que se utilizaron para realizar las pruebas de seguridad se construyeron en base al tipo de cuerpo promedio masculino. No era un dato desconocido que las mujeres tenían más posibilidades de resultar heridas en un accidente de coche.

En 2011 se puso sobre la mesa el hecho de que los accidentes automovilísticos ocupaban un lugar destacado en la lista de riesgos de salud pública. Esto condujo a realizar una serie de comprobaciones, cuyos resultados sacaron arrojaron datos objetivos escalofriantes. Los índices de seguridad del asiento del copiloto cayeron en picado cuando hicieron pruebas con un dummy femenino que medía 1,50m y pesaba 49 kilos. Los estudios revelaron que una conductora con el cinturón de seguridad puesto, se enfrentaba a un riesgo de muerte o lesiones graves un 47% mayor que un conductor de sexo masculino.

Si bien no se trataba de un problema específico del sexo del ocupante del vehículo. El maniquí de prueba masculino promedio medía 1,75m y pesaba 78 kilos, y toda persona que no se ajustara a dichas medidas quedaba altamente expuesta.

El concepto de normalidad en la experiencia de usuario

Como diseñadores de experiencias, nos enfrentamos el desafío constante de crear productos y servicios accesibles y satisfactorios para una audiencia diversa. La inclusión no es simplemente un ideal noble; es una necesidad práctica en un mundo donde las diferencias individuales son la regla, no la excepción. Ignorar esta diversidad es correr el riesgo de alienar a grandes segmentos de nuestra audiencia, limitando el impacto y el alcance de nuestras soluciones.

Nuestra responsabilidad como UX Designers es triple. Primero, debemos comprometernos a entender profundamente a nuestras audiencias, incluyendo aquellos cuyas necesidades han sido históricamente ignoradas o malinterpretadas. Esto implica ir más allá de los supuestos y estereotipos para involucrar a los usuarios en el proceso de diseño, utilizando técnicas de investigación y diseño participativo.

Segundo, es crucial adoptar un enfoque de diseño flexible y adaptable, que permita personalizaciones y ajustes para acomodar una gama más amplia de usuarios. Esto incluye considerar múltiples modos de interacción, preferencias de visualización, y accesibilidad desde el principio del proceso de diseño.

Por último, pero no menos importante, debemos ser abogados de la inclusión dentro de nuestras organizaciones y comunidades. Tenemos que desafiar las prácticas existentes, promover la conciencia sobre la inclusión, y trabajar para que sea una prioridad en todos los proyectos de diseño. La inclusión no debe ser un añadido o una consideración posterior; debe ser una parte integral de nuestra práctica de diseño desde el inicio.

Tal y como dice John Maeda en el prólogo del libro de Kat: “Diseñar para la simplicidad en el futuro será imposible a menos que hagamos el esfuerzo de entender las complejidades subyacentes de cómo diseñamos hoy en día. Si no lo hacemos, solo crearemos más mismatches. Crearemos experiencias que son simples solamente para gente como nosotros”.


Foto de Kira auf der Heide en Unsplash.

Este artículo está basado en el libro: 

MISMATCH. Cómo la inclusión da forma al diseño, la tecnología y la sociedad, de Kat Holmes.

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